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Los comienzos con la lactancia materna

Ésta es una de las entradas que tenía pendientes desde hace tiempo, pero que confieso que me daba miedo escribir...

Y es que cuando estás embarazada no paras de oír y de leer que la lactancia es maravillosa, que crea un vínculo muy especial entre la madre y el bebé, que es placentera,... Todo parece genial. Sin embargo, cuando llega el bebé descubres que pocas veces es así.

Me hubiera gustado que me contaran que iba a ser duro, muy duro. Que la lactancia materna requiere muchísimo sacrificio y que hay que luchar mucho para conseguirla y mantenerla.  Que me hubieran contado que tenía que sacar fuerzas de todas partes, mentalizarme mucho e informarme y leer muchísimo. Estoy muy contenta de haber optado por la lactancia materna, pero de haber sabido antes todo lo que me iba a encontrar hubiera dedicado gran parte del tiempo a leer más, más aún de lo que hice. A conocer todos los posibles problemas que pueden suceder y a aprender cómo se solucionan. A volverme algo así como una enciclopedia andante de la lactancia.

Sé que hay mamás que tienen la enorme suerte de tener una lactancia maravillosa desde el primer momento. Tal vez no sean mayoría, pero doy fe de que existen. Mi caso no fue así, y me encontré de pronto ante una situación que no me esperaba... problemas que se encadenaban uno tras otro y que yo no sabía solucionar.

El peque nació bien, con casi 3 kilos, bastante despierto y espabilado. Al nacer no me lo pusieron en el momento, porque le limpiaron, pusieron la vitamina,... Pero en apenas 20 minutos ya estábamos intentando empezar. Me llevaron a la sala de dilatación para estar en observación y me dijeron que lo pusiera ya al pecho. Pero ¿y cómo se pone a un bebé al pecho? Porque aunque había leído sobre lactancia, resulta que llegas, pones la teta allí delante del bebé y aquí no pasa nada. El bebé no sabe coger bien el pecho, y yo, mamá primeriza, me encuentro allí sola sin saber qué se supone que debo hacer. Al cabo de un poquito parece que el peque coge el pecho, agarra el pezón con la boca, pero allí no sale nada. Por lo menos se queda tranquilo y me mira con esos ojazos grises. Mueve la boquita, aunque sin provocar succión, pero en ese momento, mamá super primeriza que nunca ha dado el pecho, piensas que está mamando bien y que eso es así ¡esto está chupado !

Al poco de estar ingresada en el hospital de repente fui consciente de una realidad que se da en muchos hospitales : Todos hablan de dar el pecho, pero a nadie le importa un pepino que lo consigas o no. Más aún, parece que todo el personal médico del hospital detesta la lactancia (por lo visto da mucha faena) y parecen estar haciendo todo lo posible para que fracase. Además, como casi todas las mamás están allí 3 días y luego las mandan a casa, el tema de la lactancia será problema de otros, no suyo.

Así pues, al peque se lo llevaban al pediatra aunque fuera el momento de la toma (con la de niños que hay, podían empezar por otro si nos ven en faena),  y claro, resulta que llora en la consulta. Así que, sin consultarnos, la pediatra le pone un chupete (cuando en todos sitios que se habla de lactancia dicen de no dárselo hasta que la lactancia esté establecida).

El peque no agarraba bien, así que pedí a varias enfermeras de diferentes turnos que me ayudaran. Todas venían, me decían que estaba bien y se iban, aunque el peque no estaba cogiendo bien y era bastante evidente que no lo hacía ¡hasta yo que nunca había dado el pecho sabía que no agarraba! En los 10 días que estuve ingresada, y después de estar pidiendo ayuda a todas las que pasaban por mi habitación,(y fueron muchas) solo una enfermera y una matrona se habían preocupado de estar conmigo un rato, mirar qué pasaba y aconsejarme, ayudarme a poner al peque, etc. A ellas les estaré eternamente agradecida. Personas vocacionales, que saben que su trabajo en la planta de maternidad va más allá de pasar el rato y hacer solo lo imprescindible. El resto miraban con cara de que esto no iba con ellas, o directamente me ignoraban. Es desesperante ver que tu bebé tiene hambre, que ha perdido más peso del que debía y que todas te digan que ese bebé tiene que engordar o se pondrá enfermo, pero nadie haga nada para ayudarte cuando te sientes tan perdida y agobiada y no paras de pedir ayuda.

Con esa enfermera estuvimos probando de todo. El peque no agarraba y no había forma. Llevábamos 2 días intentando y nada. Al final trajo una jeringuilla con leche de fórmula, y mientras ponía al peque al pecho íbamos soltando gotitas de leche para que asociara la leche al pecho, eso parecía funcionar. Probamos también con pezoneras, y así parece que al menos estimulaba el pecho para que subiera la leche. Aun así, costaba mucho rato conseguir el enganche, y no era nada efectivo. Pasamos los primeros días del peque intentando a todas horas que agarrara. Como yo estaba convaleciente con los problemas de después del parto y no me podía levantar, apenas sabía cómo era su carita, sólo le veía el cocote.
En fin, que el tercer día por la noche de repente me subió la leche, y digo de repente porque fue un visto y no visto. Estaba tan normal y de pronto me empezaron a doler las tetas un montón, casi explotaban. Me subió la fiebre y me encontré bastante mal. Había que sacar ese atasco. La enfermera más antipática que os podáis imaginar nos trajo el sacaleches que le pedimos, y lo dejó allí sin más. Menos mal que era fácil de usar. Las siguientes 24 horas las recuerdo como unas de las peores de mi vida: al dolor horrible de cabeza que llevaba por las complicaciones se sumaba la prohibición de levantarme de la cama del neurólogo y la necesidad de estar usando constantemente el sacaleches. Ponía al bebé a mamar (a intentarlo porque no agarraba) durante casi una hora, luego el sacaleches media hora más, un ratito de estar con paños fríos para aliviar la hinchazón, y a volver a empezar. Masajes, frío, calor ... Todo parecía inútil. Así todo el día y toda la noche. El agotamiento me podía, pero no podía dormir con el pecho a punto de estallar.

Después de estar ahí toda la noche llegó la mañana y la pediatra pesó al peque. Había perdido ya más del 10% del peso al nacer, no podía perder más. A partir de ese momento todo el personal médico que venía a la habitación insistía en que el peque tenía que engordar, veía lo apurada que estaba con la subida y sin embargo nadie nos ayudaba, aunque se lo pidiéramos, a intentar mejorar el agarre para solucionar ambos problemas. En cambio todos insistían en que debía darle biberón a mi hijo con leche de fórmula. Pero si tengo muchísima leche ¿por que dar biberón de fórmula? La solución debía pasar por conseguir que mamara, pero claro es mucho más fácil enchufar un biberón que enseñar a una mamá a dar el pecho.
El caso es que nos dijeron que debíamos darle en cada toma 50cl más lo que mamara para asegurar que no perdiera peso. Me estuve sacando con el sacaleches y luego se lo dábamos con jeringuilla (me negué al biberón, sabía que podía perjudicar el enganche más aún). Aun así, una enfermera, con toda mi familia presente alentando el tema, le enchufó un par de biberones de leche de fórmula aunque yo le pedí que no lo hiciera. Como no me podía levantar de la cama allí cada uno hizo lo que le dio la gana, en contra de mi voluntad, y delante de mis ojos mientras pedía por favor que no lo hicieran. Me dolió muchísimo. Me sentí muy incapacitada estando allí postrada suplicando mientras le daban el bibe.
Entre los malditos biberones, las muchas jeringuillas con mi leche y lo que mamó, el peque por fin cogió peso ese día, aunque a base de empacharlo. Al pobre le caía la leche de la boca, no podía más. Se le notaba incómodo y empachado. Me dio mucha penita verlo así.
Sin embargo, el agarre cada vez era peor. No sabré nunca en qué medida influyó el biberón, el chupete y las jeringuillas en ello, pero sospecho que todo ello ayudó a empeorar la situación bastante.

El primer mes fue muy duro. Una vez en casa el peque fue ganando peso bien, pero tardábamos del orden de hora y media en hacer cada toma: unos 40-45 minutos hasta que enganchaba (con lloros, pataletas y desesperación incluidos), y luego otro tanto en que comiera. Si se soltaba sin querer a mitad de toma había que empezar desde el principio, hasta que enganchaba de nuevo. Cuando terminaba nos daba el tiempo justo para cambiar el pañal, ir yo al baño y comer algo y enseguida teníamos que volver a empezar. Así día y noche, sin apenas dormir nada, y haciendo frente a un cansancio extremo. Un día tras otro, cada vez más agotada física y mentalmente, ... Tal era el cansancio que ese mes no llegué a disfrutar nada de mi hijo, era como un robot que hace las cosas ya de forma mecánica porque la cabeza no le da para más.
Además tenía grietas en uno de los pechos, que dolían mucho, aunque ese dolor no era comparable con la desesperación que me producía estar tantos días sin apenas dormir nada.

Cuando hizo el mes empezó a enganchar mejor. Ya no teníamos que estar peleando con la teta hasta que conseguía hacer el vacío, sino que enseguida lo hacía bien. Fue un alivio muy grande, ya que así solo nos costaba el rato que el estaba comiendo, que solía ser una media hora por toma. Podíamos por fin hacer algo más al cabo del día, aunque fuera a ratitos cortos. Por fin podíamos dormir, despertándonos cada 2-3 horas para la toma...

Yo tenía muchísima leche, así que en cada toma le daba sólo de un pecho, y nunca llegaba a vaciarlo del todo. Así llegó el siguiente problema. Cuando todo parecía ir bien llegó la primera mastitis. Un día por la mañana noté que me dolía un poco una zona del pecho. Por la tarde me empezó a doler la cabeza y sensación de gripe, pero sin fiebre. Cuando al día siguiente me desperté con 38'5 de fiebre ya me di cuenta de que se trataba de una mastitis. Una semana de antibióticos y como nueva. En este momento me compré el sacaleches eléctrico: si debía vaciar el pecho cada vez me iba a hacer falta. No debía abusar de él para no producir más leche aun, pero había que vaciar al menos un pecho por toma. Para que os hagáis una idea de cuánta leche tenía, os diré que le daba de mamar al peque (lo que necesitaba mas todo lo que él vomitaba que era muchísima cantidad), y luego después de eso podía sacar fácilmente 150cl ¡de un sólo pecho!. Demasiada leche, tanta que era un problema.

Pasó una semana más, y un día me levanté con una obstrucción en el otro pecho. Me levanté a las 7 de la mañana, y no hice otra cosa que intentar desatascarla : calor, masajes, ducha caliente, diferente posiciones al mamar, sacaleches,.. Era desesperante ver cómo pasaban las horas y no conseguía nada. El fantasma de la mastitis volvía a asomar. Sabía que era cuestión de unas pocas horas que me volviera a salir una mastitis, pero no podía hacer nada más por evitarla. Por fin a eso de las 3 de la tarde salió. Esa tarde me encontré un poco regular, con dolor de cabeza, pero por suerte no llego a repetirse la mastitis.
Pasó una semana más, vaciando en pecho en cada toma con el sacaleches y siendo muy cuidadosa, pero a la siguiente otra vez me dio mastitis, otra vez antibiótico y en esta ocasión estuve un día entero con 39 de fiebre y encontrándome bastante mal.

Este segundo mes tenía constantemente los pechos doloridos y llenos de bollos, y los pezones estaban extremadamente sensibles. Era muy complicado porque debía estar constantemente parando cuenta para que no se me hicieran obstrucciones, y tuve que sacar bastantes con agua caliente y poniendo al peque a mamar en diferentes posiciones. Tenía mucho miedo de que se repitieran las mastitis, y a la mínima obstrucción me desesperaba bastante. El exceso de leche seguía y no había manera de que bajara.




Os contaba al principio de la entrada que hasta ahora no me había atrevido a escribir esta entrada. La razón por la que la escribo ahora es que por fin la situación ha mejorado ¡muchísimo!. Era cuestión de apostar fuerte por la lactancia materna y aguantar el tirón del principio.
Ahora llevo ya dos semanas en las que el pecho me ha regulado la cantidad de leche, y ya no me noto hinchada constantemente ni he tenido más problemas de obstrucciones ni bultos. El peque mama bien, cada 3 horas de día y llegando a aguantar hasta 5 algunas noches (pocas pero ahí están). Coge el pecho rápidamente en cuanto lo pongo, en cualquier postura, y hace la toma muy bien, en unos 15-20 minutos. El momento de la toma es ahora un ratito de calma, de estar muy a gusto el peque y yo: yo tranquila, y él comiendo feliz y mirándome con esos ojazos preciosos.

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A las que estéis esperando y queráis dar el pecho y si yo alguna vez pienso en dar un hermanito al peque y vuelvo a leer esto, diré:
  • Que los comienzos son duros, muy duros. Pero que es cuestión de aguantar lo mejor posible al principio, porque luego se vuelve más sencillo todo.
  • Que es imprescindible informarse mucho y leer acerca del tema de la lactancia a lo largo del embarazo. Disponer de buena información puede ayudar a resolver cualquier problema que se presente.
  • Que cada lactancia es diferente. Ni todas las mamás tienen problemas ni con todos los hijos se repiten. Pero por si acaso te pasa a tí, ve preparada para lo que venga y convencida de tu opción.
  • Que es bueno rodearse de otras mujeres que hayan dado el pecho, y dejarse aconsejar. Hay que alejarse emocionalmente de esa gente tóxica que no ayuda, de esas amigas que te dicen lo típico de "yo le doy biberón y mira lo hermoso y sano que está" y de esos familiares que te ofrecen el biberón en cuanto se presenta el menor problema. Hay que buscar apoyo de asociaciones, otras mujeres, matronas, ... que sean pro-lactancia y que te puedan ayudar a solucionar los problemas y animarte cuando tengas el ánimo bajo.
  • Que si la decisión que has tomado es dar el pecho, tengas en mente constantemente por qué tomaste esa decisión. Que tengas las razones que te hicieron decidirte por esa opción siempre presentes y te las puedas repetir cuando se presenten problemas. Que sepas por qué luchas y por qué no te estás dando por vencida. 
  • Que al final vale la pena el esfuerzo. Es lo más sano para él y para tí, la opción más económica y cómoda, la que ahorra más problemas de alergias, ...

Yo ahora estoy contenta de haber optado por la lactancia materna: ahora es lo mejor para el peque y para mí. Aun así, llegar hasta aquí me ha costado mucho esfuerzo, salud y lloros. Pero por fin siento que ha valido la pena, ahora llega nuestro momento de disfrutar.

Me voy, que ya oigo a mi peque que me reclama para comer. ¡Que le aproveche!

Comentarios

  1. Felicidades por tu maternidad, por tu constancia y por tener claro y luchar por lo que consideras que es el alimento óptimo para tu bebé.

    Lo que te aconsejo y recomiendo a ti y a las madres que te lean, es acudir a un grupo de apoyo, pues los problemas que has tenido se pueden solucionar fácilmente con ayuda de una asesora de lactancia.

    Son problemas que ocurren a muchas madres y que las asesoras están hechas a solucionar día a día.

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