37 semanas de embarazo

Ya estamos en la semana 37 del embarazo. A estas alturas si el peque decide nacer ya será lo suficientemente grande como para no necesitar ayudas (o necesitar muy pocas). Lo ideal es que aguante un par de semanas más, pero... oye, que hace unas pocas semanas este momento lo veía muy lejos, así que estoy super contenta.

Tengo bastantes achaques ya. Menos mal que antes del embarazo estaba bastante en forma, porque no sé por qué cada embarazo me consume más y más... Apenas puedo andar unos pocos minutos al día, y los dolores de cadera, piernas y espalda me persiguen. Aun así, como estoy tranquila y haciendo bastante reposo lo llevo genial.

Ahora las visitas médicas se aceleran, y ya llevo varias semanas con varias visitas al día: a la tocóloga, análisis y tests varios, médico de cabecera, ... Queda muy poco y a estas alturas todo tiene que estar controlado.

El peque se mueve mucho, muchíiiiiisimo. Es una gozada notarlo así, y en cierto modo me da un poco de pena pensar cada día que tal vez ese día será el último de mi vida en sentir esa sensación. Por un lado me apetece que nazca cuanto antes, pero por otro... me da penita dejar de sentirlo tan vivo dentro de mí. ¡esto es la vida!.

El mayor ya está super adaptado a la guardería. Va contento, come todo, se echa la siesta sin protestar, juega, ... Ha sido bastante fácil el cambio, y, lo más importante, que se le nota contento.
También ha sido todo un éxito la operación "peque duerme en su habitación". La preveíamos muy complicada, pero, de vez en cuando, estos peques nos sorprenden haciendo todo mucho más sencillo. Que sí, que hay muchos días que amanece en nuestra habitación. Pero el simple hecho de que se quede dormido en su cama, que ya no quiera la cuna, y que algunos días duerma del tirón es todo un triunfo para nosotros, más teniendo en cuenta que hace apenas 8 meses se despertaba cada 2 horas. Lo hemos hecho de forma muy natural, sin darle demasiada importancia, y respetando sus ritmos. Pero en poquitos días el cambio ha sido brutal.



Y así seguimos... una semanita más. El pequeñín engordando, su hermano pasándoselo pipa, y los papás llevándolo bastante bien. ¡Hasta otra!.

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