Hoy estamos cansados

Contigo nada ha sido nunca fácil. Desde que llegaste, segundo a segundo, sin un día de descanso, sin bajar la guardia.

Y es duro...

Nos pones a prueba, exploras dónde están los límites. Y los superas. Y sigues. Hasta que no podemos más.

Corres y saltas hasta que nos llevas al límite del agotamiento.
Salimos a pasear todos los días, recorremos varios kilómetros medio jugando medio corriendo. Y cuando llegamos a casa los únicos cansados somos tus papás.

Nos turnamos por la tarde para cansarte: primero al parque con mamá, luego al fútbol con papá, a jugar a pillar con mamá, en bici con papá... y aun así no gastas ni una pequeña parte de toda esa energía que se acumula en tus piernas. Y acaba saliendo. Esa energía sale antes o después.

Pensamos que es buena idea hacer ejercicio para cansarte, pero parece que sólo sirve para entrenarte y que cada vez aguantes más, corras más rápido, consigas saltar más alto y escalar los muebles hasta el techo. 

De repente parece que todo el deporte que hemos hecho en la vida se queda pequeño comparado con cualquiera de las tardes que pasamos a tu lado. No nos queda energía, no tenemos fondo ni resistencia para aguantar toda la tarde corriendo detrás de ti e intentando mantenerte seguro. Podemos correr una media maratón, pero no soportar un día completo sin ayuda.

La gente dice que se cansa de sólo mirarte. Y no saben que esa marcha dura unas 14 horas al día. Todos los días. 

Los espacios abiertos se quedan pequeños, y la ciudad no es lo suficientemente grande. El "ve corriendo hasta allá lejos y vuelve y yo te cuento el tiempo" para el reloj demasiado rápido.
Los niños juegan contigo un rato, pero enseguida prefieren cambiar el juego de correr a lo loco por otros más elaborados.

Buscamos sitios seguros, en los que puedas correr a salvo sin tener que ir detrás de ti. Pero en la ciudad es más complicado, y siempre es temible el momento de volver a casa.

Las noches son duras, te despiertas. Y el sueño nos falta. Siempre nos ha faltado en los últimos años. Es duro no dormir ni una noche entera. En más de 3 años. Ni una.

Hoy estamos cansados. Contentos y orgullosos, sí. Pero cansados.




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