Tercer parto

Un poco tarde (hace ya 5 meses de esto), pero me doy cuenta de que todavía no he asomado el morro por aquí desde que nació la peque ¡la vida con 3 niños no da para más!

Y el caso es que tenía que retomar, aunque fuera de forma fugaz, este blog que comencé cuando apenas estaba embarazada del primero.

Vamos pues con el tercer parto.

¿Cómo es el tercer parto?

Pues depende, como todo en los embarazos. No tiene que ver cómo hayan sido los dos anteriores.
Hay quien dice que el mejor siempre es el segundo, y que con el tercero cuesta más. En mi caso fue así...


Estaba ya de 40+2, 9 días más que en mi primer embarazo y misma fecha que en el segundo.
Dormí bastante bien por la noche, hasta que me desperté a eso de las 5 de la mañana. Bien descansada, con energía... comencé a notar las primeras contracciones, apenas imperceptibles, pero que yo ya sabía reconocer perfectamente.

Aunque estaba totalmente verde y las contracciones era súper pequeñas, ya vi que esto llevaba buena pinta. Estaban muy separadas, más de 10 minutos, pero comencé a ducharme y a prepararme con calma por si acaso.
Es curioso, con el primer embarazo tenía muchos días antes preparada una súper bolsa con todo lo necesario. En este en cambio apenas un par de cosas en el bolso pequeño, que terminé de preparar ese mismo día.

Después de la ducha se despertó mi marido y vino a ver qué pasaba. Le dije que estaba verde, pero que se hiciera a la idea de que iba a nacer ese día, que en cuanto le dijera nos íbamos al hospital.

Al ser el tercero no quería apurar, me aterrorizaba que la cosa se pusiera seria y no me diera tiempo a llegar al hospital. El primer parto duró más de 24 horas, y el segundo apenas 4. El tercero prometía ser rápido.

De repente empezaron a venir más seguidas. Mucho más. Apenas 4 minutos aunque eran muy suaves. Corre, vamos ya tranquilamente antes de que se ponga feo. Mandamos mensaje a la familia, diciendo que no sabíamos seguro pero que íbamos al hospital.

Aparcamos cerca del hospital y fuimos andando. Sin ningún problema. Pensando que me iban a ver tan verde que me iban a mandar de vuelta. Bueno, siempre podíamos dar un paseo para ver amanecer en el parque cercano... yo tenía claro que no me volvía a casa.

Me miraron y verde del todo. Pero bueno, como no hay ninguna otra chica en ese momento y no me han hecho prueba de monitores, me mandan a monitores 20 minutos yo sola sin mi marido que se queda esperando. Vuelvo a mandar mensaje a mis padres. Yo creo que sí que nace hoy, venid para aquí cuando os despertéis.

El rato en monitores fue terrible. Las contracciones empezaron de repente muy muy muy fuertes. Cada vez más seguidas, cada vez más fuertes. 20 minutos que se me hicieron eternos. Llamo a la matrona. Oye, que a ver si voy a dar a luz aquí. Sonríe, y me manda de nuevo a que me revise la gine y que vea el resultado. Al ir a ponerme de pie apenas puedo andar. Las contracciones tan seguidas no me dejan. La celadora me dice que no puede ser cómo he entrado y cómo salgo, que ya va a preparar una sala porque seguro que me mandan de vuelta.

Me revisa la gine de nuevo. Ve que tengo muchas contracciones y que en 20 minutos he dilatado 4 centímetros. Así que me puede mandar a paritorio y poner la epidural. ¡Que me la pongan ya mismo!. Vomito al ir a vestirme. Estas contracciones son más fuertes que en los otros partos. No me tengo, me agarrotan todo el cuerpo. No responde mi cuerpo, no lo controlo.

En la sala me pongo el camisón, me tumbo... y justo es el cambio de turno de los anestesistas. No viene... rato y rato esperando, vomitando sin parar, con el cuerpo totalmente descontrolado. Me ayuda muchísimo una gasa mojada que me ha dado una auxiliar. Al menos me ayuda a relajar y a sentirme mejor. Sudo y tiemblo al mismo tiempo.

En el segundo la epidural me la pusieron pero no me sirvió de nada (apenas la pusieron el bebé nació, no lo pasé nada mal). Me había envalentonado pensando que en este tercero todo sería más sencillo aun. Pero no...

Me ponen la epidural, se me duermen un poco las piernas, pero sigo sintiendo muchísimo dolor. En el primer parto me fue genial pero apenas lo noto ahora. Me mete más dosis, pero sigo igual, no me alivia. Vomito y me agarroto. Venía dispuesta a disfrutar del parto, pero ... no será esta vez.

Me empiezo a notar presión ¡si hace apenas una hora que me han empezado las contracciones!. Bueno, llamamos para ver... y me dice que sí, que ya está dilatado del todo. Pero que está arriba, tocará empujar.

No me lo creo, a empujar se ha dicho. Empujo y empujo, pero me encuentro tan mal que apenas me deja el dolor. Me dicen que va bien, y al menos eso me sirve para saber que enseguida acabará. Empujo como puedo, la auxiliar no para de limpiarme (tengo la tripa descompuesta del todo), y ya, por fin, noto la cabeza.

Un par de empujones y la cabeza se queda a medio salir. Otro más y la noto fuera. Uno más y sale el cuerpecito. El matrón y la matrona se ayudan y se colocan como pueden para intentar que no me desgarre. Sale poco a poco, me van dando las indicaciones de cuándo empujar más y cuándo debo parar un poco. Al fin...

Al fin... qué paz y qué descanso se siente en ese momento. El cuerpo pasa de estar totalmente descontrolado a estar en calma absoluta.

La bebé llora. Es preciosa. Increíblemente bonita. Perfecta...

Me la colocan en el pecho inmediatamente y deja de llorar. Me mira con los ojos totalmente abiertos. La miro entre lágrimas. Amor a primera vista, de ese que sólo entenderéis las que habéis tenido hijos. Simplemente preciosa.

Le cortan el cordón y la revisan mientras está encima de mi. Envuelta en sangre y una capa blanquecina, con un olor de esos que recuerdas para siempre. Olor a vida.

Enseguida abre la boca y me busca. La pongo en el pecho y, en menos de un minuto está comenzando a comer.

Al fin... estábamos esperándote pequeña.

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